VillaNoir cierra en Villanúa tres días de literatura, música, cine y crímenes

El Encuentro Pirenaico de Género Negro volvió a llenar prácticamente todas sus charlas y confirmó el arraigo de una cita que, diez años después de su nacimiento, mantiene intacta su personalidad y la complicidad entre autores y lectores

Diez años reuniendo en Villanúa a gente de dudosa reputación. Literaria, naturalmente. VillaNoir ha celebrado este fin de semana su décima edición con un excelente balance de participación y una programación que volvió a demostrar que el género negro admite tantas miradas como formas existen de contar un crimen. En la jornada del sábado escritores, cineastas, guionistas, divulgadores y aficionados compartieron conversaciones, libros y experiencias en un encuentro que registró llenos en prácticamente todas sus actividades.

El aniversario confirmó también la madurez de un festival que ha encontrado su propio espacio en el calendario cultural aragonés. VillaNoir no ha necesitado crecer desmesuradamente ni perder su carácter familiar para consolidarse. Su principal atractivo continúa siendo la proximidad entre los invitados y el público, la libertad de unas conversaciones que a menudo se alejan de los caminos previstos y ese humor negro que impregna buena parte de las actividades.

VILLANOIR EN STREAMING

Uno de los grandes protagonistas de esta edición fue el cineasta Elías León Siminiani, ganador del Goya al mejor cortometraje de ficción por Arquitectura emocional 1959 y director de los documentales El caso Asunta y El caso Alcàsser. Su conversación con el periodista Jun Gavasa permitió adentrarse en uno de los debates más interesantes que plantea actualmente el género criminal: el auge del true crime y los límites éticos de convertir una tragedia real en un producto audiovisual.

La responsabilidad de los medios de comunicación, la construcción de los relatos alrededor de los crímenes, el respeto a las víctimas y la fascinación del público por estas historias fueron algunos de los asuntos abordados. Una reflexión que trascendió el ámbito cinematográfico para plantear preguntas sobre nuestra manera de consumir información y entretenimiento.

Foto: Turismo Villanúa / Yhabril Moro

La novela negra también se escribe en provincias

La literatura volvió a ocupar buena parte de la programación, con dos mesas que, desde planteamientos diferentes, ofrecieron un recorrido por algunas de las tendencias actuales del género.

Bajo el título Los chicos de provincias somos así, Mar Aísa Poderoso, Alfredo Benedí y Pascual Martínez reivindicaron la capacidad de los territorios alejados de las grandes capitales para construir historias criminales con personalidad propia. Una conversación moderada por Rita Piedrafita en la que quedó claro que, para encontrar buenos argumentos de novela negra, no hace falta viajar a Nueva York o Los Ángeles. A veces basta con mirar lo que ocurre al otro lado de la calle.

Pascual Martínez fue, además, uno de los nombres destacados del fin de semana al recibir el V Premio Villanúa Rural Noir, un reconocimiento a su trayectoria literaria y, especialmente, a su Trilogía de los Suicidas, ambientada en tierras andaluzas y protagonizada por el sargento de la Guardia Civil Ernesto Pitana.

Foto: Turismo Villanúa / Yhabril Moro

La familia, ese territorio aparentemente seguro en el que la literatura negra ha encontrado algunos de sus mejores conflictos, centró otra de las conversaciones del encuentro. La familia que mata unida… reunió a Susana Rodríguez Lezaun, Txemi Parra, Leticia Sánchez Ruiz y Juan Infante, con Juan Mari Barasorda como moderador. Secretos, relaciones familiares, silencios y personajes que esconden bastante más de lo que aparentan sirvieron para explorar las posibilidades narrativas de un universo que, en ocasiones, resulta bastante más inquietante que los bajos fondos de cualquier gran ciudad.

Foto: Turismo Villanúa / Yhabril Moro

La programación literaria se completó con la presentación de Hotel California, de Salva Alemany, Premio Philip Marlowe 2025, una novela que incorporó otra mirada al género y que permitió acercarse a la trayectoria de un autor cuya biografía transcurre entre la música, el rock y la literatura criminal.

Del cómic al cine, pasando por la música

VillaNoir mantuvo también su interés por otras disciplinas artísticas que dialogan con la literatura negra. El guionista oscense Javier Marquina, habitual en VillaNoir desde la segunda edición, mantuvo una conversación con Ricardo Bosque sobre las relaciones entre el noveno arte, el cine y los videoclips. Un recorrido por lenguajes narrativos que comparten recursos, influencias y una larga tradición de personajes oscuros.

Foto: Turismo Villanúa / Yhabril Moro

La música ha tenido igualmente su espacio en esta edición con el duo Dilettanti, que abrió este VillaNoir el viernes como recordatorio de que el universo noir también se ha construido a través de canciones, bandas sonoras y atmósferas sonoras que forman parte de nuestra memoria cinematográfica.

El encuentro ha reservado, como es tradición, un espacio para los más jóvenes con el taller de cómic noir ¿Quién ha matado…?, dirigido por el ilustrador Luis Orús. Una propuesta que ha permitido este domingo acercar el género a niños y adolescentes a través del dibujo, la imaginación y la creación de historias. La cantera de futuros sospechosos parece estar asegurada.

Diez años de una familia que mata unida

Más allá de las cifras de asistencia y del interés de las actividades, el décimo aniversario ha permitido comprobar hasta qué punto VillaNoir ha construido una identidad reconocible. El festival dirigido por Ricardo Bosque ha conseguido reunir a lo largo de estos años a una comunidad de escritores, lectores y aficionados que encuentra en Villanúa un lugar para compartir su pasión por la literatura y la cultura criminal.

El excelente seguimiento del público en esta edición, con aforos completos en casi todas las charlas, confirmó el interés que despierta una propuesta cultural que ha hecho de la cercanía una de sus principales señas de identidad.

Y quizá ahí resida el secreto de su continuidad. VillaNoir conserva algo que no figura en los programas: la complicidad de quienes regresan cada otoño para hablar de libros, compartir historias y reencontrarse con viejos amigos. Las conversaciones continúan después de las charlas, los autores se mezclan con los lectores y el festival acaba convirtiéndose en una reunión de conocidos a la que cada año se incorporan nuevas caras.

Scroll al inicio